viernes, 28 de mayo de 2010

Dulce Remedio para el Alma Abatida


" Dios mío, mi alma está abatida en mí;
me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán ,
y de los hermonitas, desde el monte de Mizar "
Salmo 42:6


¿Quién no se ha sentido alguna vez como el salmista se sintió en este Salmo? Creo que todos alguna vez nos hemos sentido así, pero en este mismo pasaje David nos explica qué hacer cuando estamos abatidos, y ésto es.... Acordárnos de todas las veces que Dios nos ha librado, cómo nos ha sacado de situaciones extremas y peligrosas y nos ha dado la victoria en áreas dificiles de conquistar.

Leyendo el sermón No. 2798 de Charles Spurgeon con el título " Dulces remedios para el Alma Abatida" predicado el 28 de Septiembre de 1902, encontré un buen motivo para seguir escribiendo en este blog, ya que en él escribo lo que Dios ha ido haciendo en mi vida y esto me ayuda a recordar, como lo hizo David.Para leer el sermón completo Aquí.

Las causas del abatimiento en el creyente son numerosas , pero todas ellas nos llevan a inclinarnos sobre nuestros rostros y cuando estamos así ," estamos generalmente mas cerca del cielo", dice Spurgeon . Cuando nos hundimos mas abajo en nuestra propia estima, ascendemos mas alto en la comunión con Cristo, y en Su conocimiento y entre mas humilde me tienda a los pies de mi Salvador, Sus glorias me deslumbrarán más.

Cuando en la naturaleza hay nubes de lluvia y tormenta, al pasar éstas , la tierra y los campos están más fértiles, se llenan de agua los arroyos , el sol brilla otra vez, y proyecta un nuevo resplandor sobre la faz de la naturaleza, hace que los pájaros afinen sus gargantas y canten un cántico nuevo.La tierra nunca luce tan hermosa como cuando se levanta como alguien que ha lavado su rostro en el arroyo, y muestra la frescura de su verdor en el agua refulgente, y cuenta la historia de la prodigiosa habilidad con la que Dios se ha agradado en adornarla. Lo mismo sucede con el creyente, cuando sale de agudos y grandes problemas , y su arpa ha sido afinada, su salterio resuena con alabanzas, y sus labios confiesa agradecidamente a su Dios:

" Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme".

Si ahora tu arpa está descordada, y no estás alabando a tu Señor, recuerda cuando conociste por primera vez Su amor y entonces dí: " Si nunca hubiese recibido más que una misericordia de Él, he de bendecirle por ella en el tiempo, y bendecirle por ella a lo largo de toda la eternidad".




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